Hay algunos aspectos de Copilot que no me convencen, y que tienen margen de mejora. En esta lista conoceremos las limitaciones del asistente de IA de Microsoft, y veremos qué alternativas lo superan en cada caso.
Recordemos que Copilot se apoya en buena medida en los modelos LLM de OpenAI. En otras palabras, Microsoft confía en la misma tecnología de ChatGPT, pero la implementa de manera diferente, y no siempre tiene acceso a las últimas novedades.
Por lo tanto, Copilot tiene puntos fuertes y débiles que debemos conocer para aprovecharlo mejor.
Experiencia incompleta en móviles
El gran problema de Copilot se deriva de que Microsoft no haya conseguido establecer una plataforma propia en smartphones. Por lo tanto, Copilot debe usarse como una app en Android y iOS, que descargamos de la tienda.
Esto impide una integración tan completa como la IA nativa de los dispositivos móviles. Google Gemini y Apple Intelligence (apoyada por modelos de terceros) pueden hacer muchas más tareas porque acceden de manera casi completa al sistema operativo.
Por ejemplo, analizar lo que hacemos en pantalla para ayudarnos. O interactuar con apps del sistema, el navegador web y otras integraciones. Aunque hay opciones curiosas como usar Copilot desde Telegram, se quedan muy lejos de una experiencia nativa.
Seguramente, a los reguladores del mercado (sobre todo la Unión Europea) les encantaría que todas las IAs jugaran en igualdad de condiciones dentro del duopolio de Android y iPhone. Por ahora, eso parece lejano, y es una clara debilidad de Copilot.
Menor integración fuera del ecosistema Microsoft
Copilot funciona muy bien dentro del ecosistema Microsoft: Windows, la ofimática de Office (Word, Excel, PowerPoint, etc.), la comunicación en Teams, la nube de Azure o la programación en GitHub. Microsoft incluso está llevando su asistente al entretenimiento, como a consolas Xbox o televisores Samsung, aunque no tenga mucho sentido.
Ahora bien, la cosa cambia cuando hay que interactuar con otros servicios. Las integraciones de Copilot son escasas frente a ChatGPT, porque Microsoft prefiera centrarse en favorecer sus propios servicios.
Falta de soberanía tecnológica
Los grandes modelos de inteligencia artificial son de empresas estadounidenses: Copilot, Gemini, Perplexity o Claude. Esto supone un considerable riesgo en un entorno geopolítico delicado donde las alianzas entre países se tambalean.
Disponemos de Mistral como la principal opción europea en IA. No está al nivel de los grandes competidores, pero sí es una opción muy viable, que lanza actualizaciones continuas para mantenerse en la carrera de la inteligencia artificial.
Por otro lado, DeepSeek es una alternativa china, que al menos evita depender de un solo país. Sin olvida que el modelo Llama que hace funcionar Meta AI es de código abierto. Aunque sea estadounidense, eso aporta mayor control y capacidad de auditoría.
El problema de la falta de soberanía europea en IA no tiene fácil solución, pero tampoco debemos resignarnos. Hay que entender que confiar en Copilot agrava la situación, y tomar decisiones siendo conscientes de esta circunstancia.
Menos creatividad
En general, Copilot se queda algo atrás a la hora de dar ideas, generar textos originales o mantener conversaciones inteligentes. Al final, depende del modelo de GPT que lo haga funcionar, pero OpenAI suele reservarse sus versiones más avanzadas durante un tiempo.
Copilot va bien en programación, en tareas de productividad y en automatizaciones. A la hora de inspirarnos o aportar nuevas perspectivas, no siempre resulta tan eficiente como otros modelos.
Multimodalidad limitada
Un aspecto donde Copilot aún tiene que mejorar es el trabajo con diferentes tipos de archivos y elementos multimedia. Hemos visto avances, a Microsoft le queda trabajo por delante.
Al final, la idea es que pedir lo que se nos pase por la cabeza, y la multimodalidad resulta clave. ChatGPT lleva la delantera, pero tanto Copilot como Gemini tienen muy claro que es un aspecto crítico.
Gemini Canvas: qué es y cómo funciona
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