La IA elevará un 40% el gasto en centros de datos en 2026, y todo el sector tecnológico se verá afectado
La revolución de la inteligencia artificial tiene efectos en muchos aspectos de nuestra vida, y no todos son positivos. Las enormes inversiones en la infraestructura de la IA afectan a otros productos tecnológicos, como la memoria RAM, y hacen pensar en una nueva "burbuja".
La firma de análisis de mercado TrendForce predice que el gasto en los centros de datos crecerá un 40% en 2026 frente al año anterior, considerando las cinco mayores empresas estadounidenses de servicios en la nube: Google, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle.
Hemos visto iniciativas de IA soberana en España, pero la dependencia de las empresas del "big tech" estadounidenses es enorme.
Este crecimiento de la IA se refleja en las aceleradas ventas de servidores, es decir, los equipos que ejecutan las tareas de IA en los centros de proceso de datos.
Las previsiones para 2026 en el mercado estadounidense son destacables:
- Los envíos de servidores para IA crecerán un 28% interanual.
- Los envíos de servidores generales crecerán un 12,8% interanual.
Los "envíos" son las unidades que salen al mercado, es decir, no las unidades vendidas. Ahora bien, en este contexto de altísima demanda, es probable que todo el stock sea vendido.
Buena parte del crecimiento de los servidores de propósito general también se debe a la IA. En algunos casos, las empresas se ven en la necesidad de emplear servidores no especializados ante la falta de stock.
En otros casos, para gestionar los datos relacionados, sean el resultado del trabajo de la IA, o la información previa.
Por último, en plena época de la pandemia (2019-2021) hubo un importante despliegue de infraestructura para la nube. Parte de esos servidores exigen una renovación, que tensiona incluso más la situación.
Los procesadores para IA se especializan
En 2026, el procesamiento de la IA seguirá principalmente a cargo de las tarjetas gráficas (GPU). Casi un 70% de los servidores se basarán en GPU, la inmensa mayoría de Nvidia.
Sin embargo, veremos un crecimiento de servidores con procesadores ASIC diseñados especialmente para la IA, que ocuparán el 28% del mercado. En concreto, Google y Meta están apostando por chips propios, y su influencia es enorme.
Al final, la dependencia de Nvidia es un problema. Un problema del que no resulta sencillo escapar a corto plazo, y solo las grandes tecnológicas disponen de recursos para desarrollar estos procesadores ASIC propios.
La locura de la IA está perjudicando a todos
Dejando de lado los datos de TrendForce, que arrojan una perspectiva de crecimiento positiva, desde El Grupo Informático no somos tan optimistas.
La revolución de la IA está dejando sin memoria RAM a toda la industria. Los precios de los portátiles y ordenadores de sobremesa se disparan, y el mundo del gaming muestra especial preocupación, pues consolas y gaming PCs depende mucho de la RAM.
Por otro lado, los grandes proveedores de IA son estadounidenses, en un momento en que Europa se ve obligada a rebajar su dependencia tecnológica frente a EE.UU. por las crecientes tensiones geopolíticas.
Si bien la firma francesa Mistral compite al más alto nivel, el sector está dominado por gigantes estadounidenses: OpenAI, Microsoft, Google y Meta.
A eso se suman dos preocupaciones adicionales. Por un lado, el inmenso coste energético y ambiental de la IA, que incluso está llevando a abrir centrales nucleares para impulsarla, y las dudas del retorno económico de las inversiones.
Google y Microsoft tratan de convencer a las empresas de que contratar sus servicios de IA resultan clave para mantenerse competitivas.
Pero buena parte de la costosísima infraestructura se dedica a ofrecer a los consumidores servicios difíciles de monetizar: edición o creación de fotos, o chatbots que resuelven cuestiones de escasa importancia.
Nuestro análisis es un tanto escéptico: el crecimiento de la IA en 2026 corre el riesgo de acabar como una burbuja pinchada si el "big tech" estadounidense sigue alimentando a este ritmo una infraestructura que no está nada claro que pueda rentabilizar.
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