El abuso de los filtros en Instagram y otras redes sociales provoca problemas psicológicos

El abuso de los filtros en Instagram y otras redes sociales provoca problemas psicológicos

Uno de los elementos más usados cuando subimos las fotos a Instagram son sus famosos filtros. Gracias a ellos podemos caricaturizarnos, embellecernos, modificar nuestros rasgos... El objetivo es conseguir el like de nuestros seguidores. Sin embargo, el abuso de los mismos y esa necesidad de aceptación puede generar problemas psicológicos asociados a nuestra autoestima.

Las redes sociales han ayudado a mejorar muchos aspectos de nuestra vida. Sin embargo, también pueden suscitar conflictos con nosotros mismos. Los innumerables filtros que podemos utilizar en Instagram y otras redes tienen la capacidad de modificar nuestro físico y alterar la imagen que día a día nos devuelve el espejo.

El problema de los estereotipos

Aceptarnos a nosotros mismos es la base en la que debe estar asentada nuestra autoestima. Utilizar los filtros de Instagram para compartir deformaciones de nosotros mismos puede ser divertido, pero, quizá sin darnos cuenta, lo que hacemos con ellos es adaptar los rasgos a un estereotipo que no tiene por qué coincidir con nuestro físico. Esto puede causar problemas muy graves.

Imagen - ¿Cómo afectan a la autoestima los filtros de Instagram?

Primero, por la presión que supone para todos los usuarios. Muchos de estos filtros generan una imagen basada en un canon de belleza irreal. Hace unos años el prototipo femenino parecía tener que estar en consonancia aquellas medidas de 90x60x90 asociadas a las supermodelos, mientras que el masculino reclamaba los músculos de Gerard Butler en la película 300.

Hoy, en cambio, los filtros de las redes sociales nos permiten acercarnos a esos cánones imposibles, ponernos los ojos felinos de Paul Newman o los carnosos labios de Angelina Jolie.

Es cierto que en los últimos meses redes sociales como Instagram han limitado mucho el uso de filtros que tratan de realzar rasgos de la belleza estereotipados. Pero los filtros suponen escondernos de nosotros mismos. Es divertido y creativo usarlos, pero siempre siendo conscientes que no es una representación de nuestro yo real.

Por otro lado, los filtros de belleza suponen también perpetuar unos estereotipos que no concuerdan con la riqueza de rasgos con los que cuenta la humanidad. Los rasgos eurocentristas suelen ser los preferidos por los usuarios, pese a que no tengan nada que ver con su procedencia ni raza.

Hace unos días, la ONG británica de ayuda a las adolescentes Girlguiding presentaba los datos de una encuesta sobre la satisfacción vital de las chicas más jóvenes. Uno de los primeros datos que sorprende de la misma es que solo un 25 % de las mujeres de entre 7 y 21 años se consideraban muy felices. En un cuestionario similar del año 2009, el porcentaje de chicas que declaraba serlo se situaba en el 40 %.

Pero la encuesta profundizaba más en la influencia de las redes sociales. El 59 % de las niñas y jóvenes de entre 11 y 21 años aseguraron que las redes suponían una de las principales causas de estrés en su vida. Y es más, un 39% afirmaban que les causaba una gran molestia no poder verse igual en la vida real que en las redes sociales.

La distorsión de nosotros mismos

La dictadura del canon de belleza se ha convertido en un verdadero problema para la autoestima de millones de jóvenes. El hecho de poder mostrarnos como no somos utilizando sencillamente un filtro tiene el problema de no aceptar lo que somos cuando nos despojamos del disfraz digital.

Repetimos, las redes sociales tienen muchísimas ventajas y pueden servir de mucha ayuda, pero también pueden intensificar problemas de autoestima. La versión distorsionada de la realidad que muestran crea un espejismo que podemos tratar de imitar de muchas maneras.

Imagen - ¿Cómo afectan a la autoestima los filtros de Instagram?

El pasado año, Instagram eliminó los filtros estéticos que podían provocar el deseo de los usuarios de someterse a cualquier tipo de cirugía. Las señales de alerta campaban por doquier. Un informe de septiembre de 2019 de la revista JAMA alertaba del aumento de operaciones de cirugía estética relacionadas con los filtros de las redes sociales.

En concreto, un 55% de los cirujanos plásticos consultados, aseguraba que habían constatado que en Estados Unidos se había producido un aumento de las operaciones de cirugía entre los más jóvenes. Pero no cualquier tipo de cirugía. Se trataba de adolescentes y jóvenes que acudían a la consulta para someterse a una operación en la que sobresaliesen los rasgos que se podían resaltar digitalmente.

Buena parte de los filtros estéticos de Instagram juegan con la exageración. Pues algunas de estas operaciones consistían en realizar justo eso: deformar el rostro hasta conseguir aquellos pómulos prominentes que nos habíamos puesto en Instagram

Una nueva enfermedad

Varios estudios médicos identificaron una nueva patología psicológica directamente relacionada con el uso de estos filtros y que forma parte de los denominados trastornos obsesivos compulsivos. Se le dio el nombre de Dismorfia de Spapchat, al estar relacionada con los filtros que se podían usar en esa red social. Por cierto, Instagram añadió filtros faciales muy similares a los de Snapchat en 2017.

Imagen - ¿Cómo afectan a la autoestima los filtros de Instagram?

Se trata de una preocupación desproporcionada con el físico, que lleva a los afectados a obsesionarse con cada detalle de su físico, considerando inaceptables sus rasgos y provocando problemas psicológicos muy graves que deben ser tratados.

Todos hemos comentado alguna vez que las redes sociales se convierten a veces en una especie de vida falsa, donde todos son sonrisas, viajes de ensueño, innumerables amigos y días llenas de diversión. Raramente aparecen en ellas el vuelo retrasado, las ojeras nada más despertar o el aburrimiento de tantos días.

Este hecho de mostrar siempre lo positivo genera una presión que a veces es insoportable. Si un amigo se muestra impecable en una foto, tenemos que publicar algo similar. Los días malos no tienen cabida. Podemos percibir que los demás no tienen problemas tal y como muestran en las redes y, en cambio, nuestra vida es un desastre porque sí que los tenemos.

Si pasamos al terreno de lo físico la presión es más insoportable si cabe. Vivimos constantemente oprimidos por una dictadura de la imagen. Si, con la ayuda de unos filtros, una de las personas que seguimos se asoma a Instagram sin ninguna imperfección, nosotros tenemos que hacer lo mismo.

De igual modo, si queremos disimular algún rasgo con el que no estemos satisfechos, basta jugar con los centenares de filtros que camuflan nuestra frustración. Pero cuando salimos de la pantalla del móvil o el ordenador, la realidad es otra y nuestra autoestima se puede ver afectada.

Usar filtros para divertirse, para reírnos con nuestros amigos, está bien. Pero de ningún modo lo está hacerlo para compararnos ni ocultarnos. La vida se ha de vivir sin filtros. Somos lo que somos y ninguna red social, ninguna imagen modificada digitalmente puede hacer temblar nuestra autoestima.

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Periodista. Nada me gusta más que contar historias y a eso me he dedicado en diferentes editoriales como Planeta o el Grupo Godó. Cada día, los avances tecnológicos me dejan con la boca abierta. Intento entenderlos para luego explicarlos en El Grupo Informático.

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