¿Qué es un SSD?

Por Miguel Regueira |

Hace tiempo ya te explicamos las ventajas de los SSD frente a los discos duros tradicionales , pero ahora vamos a entrar a fondo en la pregunta de qué es un SSD. De esta forma, tendremos mucho más claro lo que ofrecen, y podremos decidir con conocimiento de causa si nos convienen. Los SSD se tratan de un tipo de almacenamiento interno, es decir, un sustituto para el disco duro (HDD) de toda la vida.

Para entender la diferencia, primero hemos de conocer los HDD (Hard Disk Drive) tradicionales. Dentro de ellos hay una lámina circular que gira a altas velocidades. En esta lámina se almacenan los datos, y una cabeza lectora se va moviendo para grabarlos o recuperarlos. 

El funcionamiento mecánico del HDD supone limitaciones. Por un lado, lo vuelve propenso a averías y daños ante los golpes. Por otro lado, las velocidades de giro de los discos han alcanzado un tope, lo que impide una transferencia de datos lo suficientemente rápida. La cabeza lectora también es lenta, así que acceder a un dato concreto (acceso aleatorio) puede tardar demasiado si se encuentra en una zona apartada del disco.

Imagen - ¿Qué es un SSD?

Así es un SSD 

El funcionamiento de un SSD es mucho más sencillo, básicamente en su interior hay unos chips sólidos que guardan los datos, de ahí el nombre de Solid State Drive. Podríamos pensar en un SSD como en un montón de tarjetas de memoria apiladas.

De todas formas, la tecnología usada en los chips resulta más avanzada que la de las tarjetas SD normales, y se usan unos componentes (las controladoras) que determinan en buena parte el rendimiento del disco.

El resultado es que un SSD ofrece un acceso mucho más rápido a las datos, tanto sean grandes cantidades como un acceso aleatorio como el que comentábamos antes. Windows se enciende más rápido, los programas abren antes, el sistema va mucho más fluido... Muchas ventajas, sin dudas.

Imagen - ¿Qué es un SSD?

Los problemas de los SSD

Obviamente, los SSD no son perfectos, o ya los estaríamos usando todos. Pueden sufrir problemas de durabilidad, aunque se trata de un inconveniente que no suele afectar a un usuario medio a día de hoy. Además, ante una avería de un SSD, los datos suelen ser más difíciles (o imposibles) de recuperar que de un HDD.

Pero, realmente, el problema de un SSD es que resulta muy caro. Inicialmente sus precios eran prohibitivos pero, poco a poco, las unidades de tamaño pequeño se vuelven asequibles. Siguen siendo más costosos que los HDD, pero han alcanzado precios razonables. A medio plazo, se espera que los precios se igualen.

Así que una buena idea es tener un HDD para las grandes cantidades de datos, y un SSD para el sistema operativo y los programas que más usemos. Al fin y al cabo, no vamos a notar mucha diferencia guardando las fotos o los vídeos en un SSD. Si tienes un portátil, quizá debas escoger entre un SSD y un HDD por contar con una sola bahía disponible, aunque muchas veces el lector de DVD se puede reemplazar para añadir un SSD.

Imagen - ¿Qué es un SSD?

¿Es para mí el SSD?

Casi seguro que sí. En el caso de un sobremesa es más que probable, y en el de un portátil depende de tus necesidades de espacio y presupuesto. De todas formas, un SSD siempre mejora en gran medida la experiencia con el ordenador.

Eso sí, antes de comprar un SSD, debes valorar si el puerto SATA que tienes lo va a aprovechar como es debido. Comprueba las velocidades del disco y del conector, aunque lo idóneo sería disponer de un puerto SATA 3, uno de segunda generación resultaría aceptable y uno de primera bastante inadecuado. Los SSD por ranuras PCI son incluso mejores, pero suelen irse a precios elevadísimos.

Así que ya sabes qué es un SSD. Espero que con estos datos te animes a hacerte con uno, porque tu día a día con el PC va a mejorar de forma considerable.

¿Qué opinas de este tema? ¿Te vas a instalar un SSD, o intentarás aguantar con tu viejo HDD un poco más?

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