Tu móvil tiene más almacenamiento que todos los ordenadores de la década de los 80, ¿verdad o mito?
Hay frases que de tanto escucharlas las asumimos como verdad sin cuestionarlas. Y esto es algo que también hacemos cuando hablamos de tecnología. Un ejemplo paradigmático está en la sentencia que encabeza a estas líneas.
Porque es cierto que, por ejemplo, el terabyte de almacenamiento que llega a ofrecer el Samsung Galaxy S26 Ultra deja por los suelos la capacidad que ofrecía el popular ZX Spectrum 16K. También lo hacía con el superventas del momento, el Commodore 64, que se lanzó al mercado en el año 1982.
Pero de ahí a decir que la suma de todos los ordenadores de aquella década, no solo los domésticos, es inferior a un smartphone actual, dista un mundo.
Porque claro, hay comparaciones que funcionan demasiado bien como para dejar que la realidad las estropee. Mucho más cuando pueden atraer la máxima atención en una conversación de sobremesa, un hilo de X o un vídeo de TikTok. Pero te lo adelantamos, el problema es que no es verdad
En el caso que nos ocupa solo podría sostenerse, y no del todo, si hacemos una trampa respecto a lo que entendemos como ordenadores de los 80. Si en tu cabeza esa década se reduce a un Macintosh, un Spectrum, un Amstrad y algún PC con disquetes, la frase parece aceptable.
Ahora bien, si incluyes todo lo que de verdad era la informática de aquella década, incorporando los dispositivos de empresas, universidades, bancos, centros de cálculo, administraciones o mainframes, que eran la columna vertebral de la computación gubernamental y corporativa, el mito se cae de inmediato.
El origen del mito: comparar un smartphone de 2026 con un PC doméstico de 1984
No te descubrimos nada si te decimos que la informática de consumo de los 80 manejaba cantidades de almacenamiento ínfimas si tenemos en cuenta los estándares actuales.
Por ejemplo, el Macintosh 128K, presentado por Apple en 1984, utilizaba una unidad de disquete de 3,5 pulgadas con una capacidad de 400 KB.
Si lo vemos con ojos de hoy, las cifras parecen casi cómicas. Un móvil actual de 128 GB, como la versión más básica del Google Pixel 9e, tiene la capacidad de cientos de miles de disquetes. Una diferencia absolutamente abismal frente a los ordenadores de los 80. Así que, hasta aquí, la comparación funciona.
El problema llega cuando decidimos lanzar el órdago y decir que un móvil de hoy tiene más almacenamiento que todos los ordenadores de entonces. Eso sí que ya es una exageración. La trampa, en concreto, se encuentra en una palabra. Decir "todos" los ordenadores es faltar a la verdad.
Porque en los años 80 no existían solo esos ordenadores personales que fascinan a los friquis tecnológicos. También existía la informática que realmente movía el mundo. La que se utilizaba en la banca, en la investigación, en la defensa o en las universidades. Y esa informática no vivía en un escritorio. Lo hacía en salas técnicas.
Durante esa década existían macrocomputadoras que ocupaban habitaciones enteras. Hablamos de máquinas conectadas a múltiples unidades, diseñadas para trabajar con volúmenes de datos que estaban a años luz del ordenador doméstico medio y que servían, por ejemplo, para gestionar los inventarios de las empresas u optimizar el cálculo de las nóminas.
Un almacenamiento ampliado con la suma de unidades
Nos referíamos antes Galaxy S26 Ultra. Claro que su capacidad de almacenamiento no se mueve en cifras normales para 1986, pero eso no implicaba que fuera algo inalcanzable. Es verdad que conseguirlo habría implicado millones de dólares de inversión, exigido un espacio enorme y habría estado totalmente centrado en el mundo corporativo.
En realidad, según explican en el Computer History Museum de Mountain View, en Estados Unidos, el primer disco duro de 1 TB data de 2009, y fue desarrollado por Hitachi Global Storage Technologies.
Sin embargo, dos décadas antes no se trataba de una cifra imposible si hacemos referencia a todo el almacenamiento agregado dentro de una organización.
El ejemplo clásico es IBM y su familia de grandes sistemas de almacenamiento empresarial. El IBM 3380, introducido a comienzos de los 80, fue uno de los hitos del almacenamiento de gran capacidad y el primero en superar la capacidad de 1 GB. Es decir, con 1.024 unidades de este equipo, ya tendríamos 1 TB.
Su peso, eso sí, no era precisamente ligero. Estaba en torno a los 250 kilogramos, muy lejos de los ligeros smartphones actuales.
Pero partiendo de este hito podemos dar fuerza a nuestro argumento. Conforme avanzaba la década, se multiplicaba la capacidad y al sumar unidades, sistemas y equipos, llegar a 1 TB total no era ninguna fantasía.
La informática se estaba desarrollando a pasos agigantados e incluso empresas relativamente pequeñas, si tenían cierto enfoque tecnológico, podían sumar enormes capacidades.
La equivocación de confundir la historia del PC con la historia de la informática
Dicho lo cual, parece claro que, cuando repetimos la frase que da título a este artículo, estamos cayendo en un error. Y esto ocurre porque, con nuestra visión de usuarios de 2026, tendemos a pensar que la historia de la informática es la historia del ordenador personal. Y para nada lo es.
El PC es solo una parte, aunque sea importantísima, de una historia mucho más grande. Durante la década de 1980, mientras el usuario doméstico veía despegar la microinformática, el grueso del procesamiento y del almacenamiento dependía de infraestructuras profesionales.
De cualquier modo, este pensamiento es lógico. El ordenador doméstico es el que recordamos, el que sale en las fotos, el que genera nostalgia. Pero si lo que quieres es hablar de capacidad total de almacenamiento en la década de los 80, no podemos dejar de lado a los sistemas que más almacenamiento tenían.
Pero bueno, es cierto que vivimos en la época de las redes sociales, y está bien sorprender con frases llamativas que reflejen la evolución tecnológica. Pero, claro, deben ser ciertas. ¿Qué se puede decir entonces sobre las evidentes diferencias entre épocas sin faltar a la realidad?
Pues, por ejemplo, que un smartphone actual supera la capacidad que tenía un usuario medio en toda su vida informática durante esa década. Porque lo que hoy llevas en el bolsillo sería totalmente desproporcionado en la informática doméstica de 1984.
Está claro que un teléfono con 256 GB, 512 GB o 1 TB habría parecido casi obsceno en el contexto del mercado de consumo de los 80.
Porque si entramos en el terreno de la comparación, la parte realmente alucinante en la actualidad no es la capacidad en sí, sino quién puede acceder a ella. De hecho, el dato verdaderamente interesante no es que hoy un móvil tenga más gigas que un PC de 1985. El dato interesante es la democratización del almacenamiento.
En los 80, los grandes volúmenes de datos ya existían, pero estaban encerrados en entornos corporativos, ligados a hardware especializado, gestionados por técnicos y pagados con presupuestos extremadamente altos.
Hoy puedes llevar cientos de gigabytes o 1 terabyte en el bolsillo para almacenar fotos de tu mascota y guardar esas capturas de pantalla que nunca volverás a abrir o un montón de vídeos de ese concierto que grabaste desde un ángulo terrible. Ese es el verdadero salto histórico. Prácticamente hay espacio para todo.
No es que hoy exista mucho almacenamiento. Lo sorprendente es que ese almacenamiento se ha vuelto personal, portátil, barato y, sobre todo, lo vemos como algo normal.
Así que no, tu móvil no tiene más almacenamiento que todos los ordenadores de los años 80. Sí tiene muchísimo más que la mayoría de los ordenadores personales de aquella década. Incluso más que el parque completo de algunos entornos muy concretos si haces la selección adecuada.
Pero si hablas de todos los ordenadores de los 80, incluyendo la informática empresarial, institucional y científica, la frase deja de ser un dato cierto. Porque en tecnología, como en casi todo, las frases más virales suelen mejorar mucho cuando les quitas un poco de épica y les añades contexto.
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